dilluns, 21 d’abril de 2008

Emigrantes - Mike, primera parte

Eran malos tiempos para el pueblo de Corleone, la mitad de su población había emigrado o perecido por culpa del hambre. Era un invierno frío, cosa inusual en Sicília, las heladas nocturnas y las constantes nevadas lo único que hacían era agravar la situación de mi familia, si en temporadas anteriores las cosechas fueron escasas, este año fueron nulas.

Marco Belletti, mi padre, no tubo mas remedio que irse del pueblo, hizo las maletas, se despidió de sus padres y sus hermanos e inició un largo viaje hacia la tierra donde los sueños dicen que se hacen realidad.

Durante el viaje a bordo del transatlántico Milano que lo llevaría a Nueva York, había demasiadas horas muertas, así que mi padre se dedicaba a cortejar con todas las muchachas del barco, a las que volvía locas con su mirada y su voz. En esto, he de decir que me parezco a él, lo único que yo no he tenido tanta suerte o igual es que las chicas de hoy en día son diferentes. Volviendo a la historia de mi padre, al final pasó lo inevitable, y en unos de esos flirteos, dejo embarazada a una pobre muchacha cinco años menor que él y de la que tubo que hacerse cargo.

La muchacha, mi madre, se llamaba Angela Bellini, nunca la he llegado a conocer ya que murió a las pocas horas de que yo naciera, mi padre siempre me ha dicho que fue un parto difícil. Según él, mi madre fue una mujer muy buena, era de la ciudad de Nápoles, al sur de Italia, y como mi padre tubo de emigrar en busca de una vida digna. Sus padres viajaban con ella pero cuando se quedó embarazada se desentendieron, que clase de padres pueden abandonar a su hija. Así que mi padre no tubo más remedio que hacerse cargo, aunque siempre me ha dicho que estuvo profundamente enamorado de ella.

Yo nací en Chicago, en casa de mis padres, el 23 de mayo de 1899, mi padre me puso Michelangelo de nombre, en honor a mi madre y mi abuelo. Mi infancia fue muy tranquila, por las mañanas iba a la escuela, aunque he de confesar que no me gustaba nada estudiar y la mayoría de la días me castigaban por no haber hecho los deberes o por hacer el payaso en clase. Cuando más me divertía era por las tardes, jugando a béisbol con mis amigos en la calle donde mi padre tenía una carnicería.


Mike Corleone